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Por Davichito. Copiada desde Ficciones wikia por el autor y modificada aquí.

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Flammis

Poderes mentalesEditar

-¿Será que es éste el planeta que estamos buscando? - preguntó Leone con un tono de voz que dejaba entrever incredulidad y algo de desilusión.

-Sí, éste es. Al fin llegamos al planeta donde vie Kalid, el Gran Sabio de la Orden de Osiris – respondió Aristark.

-Pensé que era algo más impresionante para ser su planeta natal. Pero, como siempre, la fuerza de Kalid está en lo espiritual y no lo material. Como diría Sybil, el poder de la Orden de Osiris va más allá de las apariencias y las fuerzas físicas.

Leone y Aristark eran dos Consejeros en el planeta Sakkara. En ese tiempo, ese era un cargo político equivalente al de Senador, en tiempos antiguos. Ellos dos estaban buscando desesperadamente a Kalid y ya se estaban acercando al planeta donde se suponía que él estaba. Leone había comenzado esta búsqueda después de hablar con Sybil.


-Kalid fue mi maestro – dijo Sybil, una bruja blanca para muchos, pero ella se llamaba a sí misma “Sacerdotisa de Isis”. Era una mujer de unos cuarenta años vestida de una manera exótica y estaba fumando una pipa. -Gracias a él aprendí todo lo que sé. Él es el Gran Maestro de la Orden de Osiris...

-¿La Orden de Osiris? - preguntó Leone, incrédulo. -Yo pensaba que esa orden había sido disuelta hacía muchos años. ¿Está segura?

-Pues claro que lo estoy – dijo Sybil, con fuego en los ojos. -Yo estudié con ellos desde que era joven. Lo que pasa es que la Orden decidió desaparecer para el vulgo; fue una decisión tomada en aras de nuestra seguridad. La Orden ha estado escondida todo este tiempo, aunque muy pocos lo saben. Kalid es el Gran Maestro actual de esa Orden y debemos buscar su consejo inmediatamente, para poder enfrentarnos a las fuerzas que quieren sojuzgar el Bien. Él es el único que nos podrá ayudar a derrotar a Set, debido a sus poderes ocultos. El problema es encontrarlo... nadie sabe dónde está exactamente, pero yo sospecho que volvió a su planeta natal.

-¿Cuál planeta es ése? - preguntó Leone.

-El nombre del planeta es “Veritas Flammis”. Sin embargo, nosotros lo llamamos simplemente Flammis.

-¿Flammis? - preguntó Leone. -Nunca he oído ese nombre en todos mis años como piloto interestelar, y he viajado por más de la mitad de los planetas del Imperio, en mi larga carrera en la milicia. Debe tener otro nombre en los registros planetarios.

-No, ése es su único nombre. Lo que sucede es que es un planeta secreto...

-¿Secreto? Nada es secreto para el Imperio. ¿Quiere decir que el Imperio no lo conquistó? - El Imperio ya llevaba más de un siglo desde sus comienzos. Por lo que Leone sabía, el Imperio había tomado control de los últimos planetas con poblaciones humanas décadas atrás. Leone no comprendía cómo Sybil podía tener tanta fe en los "Maestros" y todo ese cuento espiritual. Para él, lo único seguro era la ciencia, y ni siquiera eso, porque nunca podría descubrirlo todo.

-Sí, los habitantes de Flammis se escondieron cuando las fuerzas del Imperio estuvieron cerca. - dijo Sybil.

-¡Es completamente absurdo! - exclamó Leone. - Entonces, ¿usted me está diciendo que se escondieron simplemente y el Imperio no los detectó? El Imperio cuenta con equipos avanzados para la detección de vida, inclusive no humana. ¿O usted me dice que escondieron el planeta entero? Ninguno de los dos es posible en lo más mínimo. Ni siquiera con los escudos cuánticos operando en cada una de las 11 dimensiones.

-Usted está hablando de los límites de la ciencia materialista, pero por medios espirituales nada es imposible... Sin embargo, no lo escondieron totalmente. Cuando los Maestros de Flammis detectaron que las naves del Imperio estaban cerca, simplemente les enviaron señales falsas, así creo que funciona su técnica. De hecho, las fuerzas del Imperio habían observado un planeta allí, pero sus instrumentos no mostraron nada interesante; solo vacío y roca. No pudieron encontrar ningún signo de vida en Flammis porque los Grandes Maestros crearon una ilusión bastante fuerte. Los Maestros utilizaron sus poderes mentales para confundir los sofisticados detectores del Imperio y, por lo tanto, éste nunca supo de la verdadera importancia del planeta... simplemente lo abandonó. La mente puede dominar la materia, si se sabe dirigir correctamente.

-¿Una ilusión óptica del tamaño de un planeta? - preguntó Leone, despectivo. - Más que óptica, pues la tecnología de detección de las naves imperiales va mucho más allá del espectro de la luz visible. No me convence lo que usted dice. No creo en esos cuentos.... poderes mentales... un completo absurdo. Puedo entender que usted lo crea, usted cree que dice la verdad pero tal vez alguien inventó esa historia y la engañó para que la creyera. El Imperio DEBE saber sobre el planeta. Nada ni nadie escapa del Imperio, nunca.

-No, no es como usted cree – dijo Sybil, tratando de calmarse. Le exasperaba la gente incrédula, como Leone. - El Imperio no es infalible. Verá, hay fuerzas más poderosas que la física. Particularmente, los Maestros usan Poderes Mentales que son superiores a toda la ciencia que el Imperio pudiera llegar a poseer. Mientras los Maestros sigan siendo indetectables, podrán ser capaces de c... Estoy hablando mucho. Lo que ahora nos importa es que Kalid está allí, en Flammis, a salvo del alcance de Set.

-¿Y cómo se supone que hago para encontrar un planeta "secreto"? Si es tan secreto, ¿cómo hago para que mis dispositivos de navegación o mis sensores me lleven a los "Maestros" escondidos? -Leone se preguntaba qué lo hacía confiar en una psíquica.

-Necesita instalar un dispositivo especial en su nave. De esa forma, los Maestros detectarán que usted es de nuestra Orden y no se esconderán. Aunque usted no lo sea, ese dispositivo les indicará a ellos que usted es una fuerza amiga. Mis robots instalarán el dispositivo cuando esté listo para partir a Flammis.

-¿Un dispositivo especial? Estoy asombrado... Si los Maestros tienen esos soberbios “Poderes Mentales” deberían detectar mi mente y saber que usted me envió allí. Es más, deberían ya saberlo en este instante. Dicen que la mente viaja más rápido que la luz... - comentó Leone, en broma, pero muy serio.

-Los Poderes no funcionan de esa forma.

-Claro, porque los “Poderes” no funcionan en lo más mínimo. Lo siento, pero todo lo que usted dice sobre poderes me suena muy extraño. El problema es que me dan ganas de reír, aunque tengo que confiar en usted y tener fe sobre el asunto de los Maestros. - Leone sacudió su cabeza cuando dijo esto. ¿Cómo había pasado aquello? ¿Él, todo un hombre de ciencia, era forzado a escuchar todo esa locura sobre “poderes mentales”, de boca de una “Sacerdotisa”?

Obviamente, Leone era consciente de cómo había llegado hasta ese punto. Ketar, el jefe del partido Antiquo, lo había enviado a visitar a Sybil. A Leone se le habían dado órdenes expresas de seguir los consejos de ella, bajo cualquier circunstancia, incluyendo ir a buscar a un anciano a un planeta escondido, pensó Leone con amargura. Por lo tanto, si él deseaba mantenerse en buenas relaciones con el Partido, tenía que confiar en Sybil. Siempre podría alegar que eran órdenes y nadie sabría sus verdaderos motivos para confiar en ella.

Sin embargo, para Leone era bastante difícil confiar en alguien después de todas las muertes recientes de integrantes del Partido Antiquo, pero era particularmente difícil entender esa historia de una “ilusión poderosa” que no podía ser penetrada por los sensores del Imperio... Leone pensaba... “Iré a Flammis porque no tengo otra opción, por el momento. Sólo espero que los “Maestros” puedan ayudarnos a luchar contra el Maligno...”

Acercamiento a FlammisEditar

Leone se dirigió al cuarto donde Aristark se encontraba efectuando cálculos. Parecía que ya había acabado y los estaba revisando, solamente. Tal vez por eso no notó la llegada de Leone.

-Ya tengo escogido el punto donde vamos a aterrizar – comenzó a decir Leone. - Sin embargo, es extraño, deberían tener una pista de aterrizaje. Además, no es lo usual; normalmente anunciamos nuestra llegada por radioseñales y el planeta anfitrión nos indica dónde debemos aterrizar. Muchas veces envían una nave a nuestro encuentro para verificar lo que traemos y para descontaminar toda la nave. Estos “Maestros” son muy extraños, no los entiendo.

-Tal vez debe ser que aborrecen la ciencia y confían demasiado en sus poderes mentales... - comentó Aristark.

-Usted ya habla como si creyera en esas cosas. Pero sí, tiene razón. Recuerdo, por lo que he leído, que hace más de 500 años había un grupo de personas que odiaba la tecnología e inclusive intentó destruir, sistemáticamente, bastantes máquinas. Ellos se llamaban a sí mismos luditas, creo que por el nombre de un personaje; lo más probable es que fuera ficticio. Eso era en los tiempos en los que estábamos en un solo planeta.

-¿Es verdad eso? Es decir, lo de que vivíamos en un solo planeta. Actualmente, parece algo tan inverosímil, el solo Imperio posee cientos de ellos...

-Sí, es verdad, al menos esa es la opinión de algunos historiadores. Sin embargo, hay otros que alegan que la humanidad surgió independientemente en varios lugares a la vez. Lo cual, según los partidarios de la teoría del Único Planeta de Origen, es algo completamente absurdo. No seríamos compatibles, tal vez ni siquiera formaríamos una sola especie si proviniéramos de diferentes planetas. Pero el grupo antagonista va aún más allá y alega que nuestra raza fue creada por seres extraterrestres. Se supone que estos seres diseminaron a los humanos en los planetas y que no fue la humanidad sola la que descubrió el viaje interestelar. Desafortunadamente, antes de que se estableciera el Imperio, hubo muchas guerras y destrucciones, por lo que contamos con poca historia sobre los comienzos del viaje entre las estrellas. Así que sólo contamos con indicios, no poseemos pruebas tangibles.

-Es interesante todo lo que me cuenta. No sé cómo usted llegó a interesarse por la historia, a nosotros los ingenieros nos tienen un plan de estudios completamente alejado de ese tema tan importante. Volviendo al planeta original, ¿cómo se llamaba?

-Creo que era Polvo o Tierra, algo así, inclusive ese dato se perdió en la oscuridad de los tiempos. Me inclino por Tierra, aunque no lo podríamos llamar así, ya que los lenguajes que se utilizaban en esa época eran muy diferentes del Imperial Estándar. Creo que ninguna de las lenguas nativas de ese planeta sobrevivieron al Imperio. Es algo muy extraño, a veces pienso si no fue el propio Imperio el que quiso borrar todo rastro de un planeta original. Hay gente, historiadores inclusive, que es de la opinión de que el Imperio sabe exactamente dónde está la Tierra, pero que oculta su posición en los mapas para que nadie se entere de ese asunto. Lo cual ha hecho pensar a muchos cuál sería la razón para una mentira de tan grandes proporciones mantenida durante tanto tiempo. Quién sabe, tal vez algún día alguien descubra el planeta original. Debe ser importante en alguna forma, al menos como fuente de datos históricos.

-Sí, sería grandioso. Encontrar templos, tumbas, esqueletos de antepasados...

-Y documentos. Podríamos aprender mucho sobre nuestros orígenes. Si no estuviera en esta maldita búsqueda tan absurda, creo que pasaría un proyecto de investigación para encontrar el planeta. Mi vida tendría más sentido que andar buscando videntes, guiado por brujas.

-Sí, estoy de acuerdo. Sin embargo, tendremos que encontrar a Kalid antes de que...

En ese momento la nave se estremeció y Aristark no pudo completar la frase. Estaban en una órbita geoestacionaria alrededor del planeta, esperando a ver si los “Maestros” les indicaban dónde aterrizar. Esto los tomó completamente por sorpresa. Era como sentir un terremoto pero aún peor, dentro de una nave espacial no había hacia dónde huir. Estaban rodeados por la nada interestelar.

-¿Qué es eso? - preguntó Leone, sin esperar respuesta.

-No tengo idea – respondió Aristark, visiblemente asustado.

-Nos están atacando, no hay otra explicación – exclamó Leone. - Pero, ¿desde dónde? El radar no indica que haya ninguna nave en los alrededores. Registra un daño a estribor y otro en la proa, pero no hay señales del agresor. Active el campo de fuerza, Thot.

Thot activó el campo. A los pocos segundos el ataque se repitió. Leone manipulaba los instrumentos, pero no podían detectar la fuente de la agresión. Leone inclusive llegó a pensar si las verdaderas naves fantasma, invisibles para las naves normales, no estarían ya en funcionamiento... Sin embargo, los ataques se repitieron. Lo peor era que los instrumentos no mostraban nada. Ningun asteroide ni proyectil en los alrededores. Los disparos llegaban instantáneamente, como salidos de la nada.

-No puede ser. Los instrumentos no detectan nada, es como si estuvieran confun...

En ese instante, Leone lo comprendió todo. Al principio, había pensado que Sybil era una bruja ingenua, pero lo sucedido demostraba todo lo contrario. Era verdad que los sensores de la nave estaban confundidos... No mostraban de dónde provenía el ataque. Y Leone recordaba cuando Sybil mencionó que los sensores podían ser confundidos... por poderes “mentales”. Así que ese era el recibimiento de Kalid, desde Flammis. La guerra!

-¿Cómo? - preguntó Aristark, que aún no comprendía.

-¡Son las idioteces que decía Sybil! -exclamó Leone. -Decía la verdad. Nos están atacando desde Flammis, pero como ellos poseen la “tecnología mental” para ocultarse, nuestros instrumentos no pueden detectar los proyectiles antes de que hagan contacto. Podrían destruir nuestra nave entera y los sensores no reportarían nada. Así de sencillo.

-Entonces, ¿nos vemos forzados a creer en los “poderes” de esta manera? Pero, ¿por qué? Tenemos puesto el dispositivo que Sybil nos entregó, deberían reconocernos...

-Tal vez por eso nos atacan. Estoy inclinado a pensar que todo era una trampa. Sybil y Kalid querían deshacerse de nosotros, tal vez Set los comanda... Ahora todo está bastante claro, tendremos que contraatacar.

-Pero, ¿está loco? Seríamos una sola nave contra un planeta entero. No sabemos cuántos lugares de lanzamiento posean. Es una misión suicida. Tendremos que huir.

-Ataquemos primero y después pensamos – sentenció Leone, como si hubiera dicho lo más prudente del universo.

Y se dispusieron a hacerlo. Sin embargo, para alivio de Aristark, no tenían mucho tiempo; tarde o temprano tendrían que huir porque el escudo creado por el campo de fuerza ya estaba en un 40%, ?¡después de tan solo 5 minutos! Así que tuvieron que actuar rápidamente. Cada uno fue a su puesto en el cuarto de mando principal y disparaba indistintamente hacia el planeta, no tenían blanco fijo. Cuando el escudo estaba en 15%, Aristark se levantó de su puesto.

-¡Usted está completamente loco! Siento decirlo, pero no tenemos más opción que huir. No es que sea un cobarde, pero el maldito escudo está en 15% y no tenemos tiempo de volver a recargarlo. Me niego a seguir en esta misión suicida. Voy a escapar en una de las pequeñas naves, prefiero morir allí tratando de escapar que aquí encerrado como un completo idiota.

-¡A su puesto, Aristark! Maldita sea, el 100% de la tripulación se ha amotinado. Si estuviera yo aquí solo, lucharía hasta tener el 1% del escudo.

-Usted es bastante consciente de que con 1% no alcanzaría a escapar. Nunca pensé que usted, mi mejor amigo, tuviera estas tendencias autodestructivas. Además, no tiene sentido. No voy a seguir con esta charla, adiós capitán, lo dejo que muera con su nave.

Leone no respondió, herido y furioso. Si hubieran seguido disparando, tal vez... Pero, ¿qué estaba haciendo? Después de todo, Aristark tenía razón. Era algo de psicópatas seguir luchando hasta llegar a un 1%. Miró el medidor del escudo. Iba en 8%. En ese momento, supo lo que tenía que hacer. Siempre tenía un programa de huida a la mano, por si se encontraba en situaciones difíciles. Se acercó a Thot y cargó el programa. Acto seguido, cerró todas las puertas de la nave, de modo que Aristark no pudiera escapar. No era que quisiera que él muriera, lo que sucedía era que Aristark era, a pesar de todo, un subordinado y no podía desobedecerle. Además, Aristark tenía razón, tal vez había salvado la vida de ambos. Leone no se explicaba cómo podía él mismo haber sido tan obstinado.

En menos de 1 minuto pudieron escapar. Se oyó un grito de furia cuando Aristark se dio cuenta de que la mininave de escape estaba deshabilitada y de que se había quedado encerrado en el cuarto de salida. Después de unos segundos observaron el color negro intenso del hiperespacio y perdieron el conocimiento. Era lo usual cuando se efectuaba una salida tan rápida desde el espacio normal. Lo último que Leone vio en su mente antes de perder la consciencia fue el último porcentaje del medidor de escudo observado: 1%.

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